-- Sefardies y su Historia: Comunidad sefardí búlgara

21 marzo 2013

Comunidad sefardí búlgara


La importante comunidad sefardí búlgara

Aunque hay noticias de que los judíos estaban en la Tracia ocupada por los romanos desde tiempos ignotos, a partir del siglo xvi comenzaron a llegar numerosos judíos expulsados de Italia, Portugal y España, la mayor parte que hablaban judeoespañol, y también askenazíes, procedentes de Alemania, Austria y Valaquia. Así, a finales del siglo xvii, la influencia de la cultura y lengua de los sefardíes era muy notable en la vida judía búlgara, ya que participaban activamente en la vida social, económica y cultural de este país que estaba subyugado a la Sublime Puerta.

Más tarde, en el siglo xix, numerosos judíos de origen sefardí participaron en la lucha por la liberación nacional de Bulgaria para sacudirse del yugo turco. Incluso un rabino sefardí de aquella época, el rabino Gabriel Almozino, salvaría la ciudad de ser incendiada por los turcos al mediar ante la Sublime Puerta para evitar tan dramático final y evitar el suplicio de la población.

De la rica vida cultural sefardí de Bulgaria, hay dos nombres que brillan con luz propia: el escritor Elías Canetti, el único premio Nobel de Literatura que ha nacido en Bulgaria, y el pintor Jules Pascin (Julios Pinkas), que nació en Vdin, a orillas del Danubio. «De la misma ciudad es la familia también de otro judío conocido mundialmente, Stefan Zweig, que según el relato de la cantante Pétar Ráichez le confesado que sus raíces le llevaban a la familia romaniota del rey Iván Shishmán, a quien el gran novelista tenía la intención de dedicar su novela de turno. La Segunda Guerra Mundial y el suicidio en Brasil de Stefan Zweig truncaron sus planes», asegura el periodista y escritor sefardí Samuel Francés.

A finales del siglo xix se impulsa la creación de las escuelas de la Alliance Israélite Universelle en las ciudades de Schcumen, en 1869, Ruse, en 1872, y Samokov, en 1874. También en aquellas fechas un diputado judío trabajaría en el parlamento búlgaro en la elaboración de la primera Constitución de Bulgaria, muy al estilo de la de Bélgica. A finales de esta centuria, hay en Bulgaria unos veinte mil judíos, la mayor parte de ellos sefardíes, cultura que era la dominante en las comunidades hebreas, sobre todo en lo que atañe en la liturgia y en la cultura escrita. También hay que reseñar que la Bulgaria de la época es uno de los países menos antisemitas de la región y que, a diferencia de sus vecinos, nunca promulgó medidas antijudías.

El 9 de septiembre de 1909 es inaugurada, en un acto brillante y repleto de glamour, la nueva sinagoga de Sofía por el rey Fernando, hombre abierto y tolerante hacia la cuestión judía. Sin embargo, a partir de los años veinte y treinta del siglo pasado se comienza a resentir una cierta decadencia en la cultura sefardí búlgara, pues apenas quedan medios escritos y una literatura propia, ya que el búlgaro se convierte en la principal lengua de la comunidad. Pese a todo, hay un cierto interés por lo que ocurre en la «madre patria», España, y 16 judíos búlgaros viajarían hasta nuestro país para luchar junto con las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil. En esas fechas, tan sólo existe ya un períodico en judeoespañol: el Boletín del Consistorio Central.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la repentina muerte del rey Borís III en 1943 evitó el envío de miles de judíos búlgaros a los campos de la muerte. Eso nos les privó de sufrir los rigores y excesos de la legislación antijudía decretada en el país a partir de 1939, sobre todo a raíz de la decisión de la monarquía búlgara de colaborar con los nazis. Los hombres entre los 16 y 65 años fueron enviados a campos de trabajo forzado. Además, las tropas búlgaras colaboraron en el traslado de once mil judíos de la Tracia y Macedonia ocupadas hasta los campos de la muerte, donde serían asesinados en su gran mayoría. El régimen, pese al lavado de cara de los últimos años, nunca ocultó sus simpatías por los nazis. No obstante, hay que señalan que gracias a la movilización social de miles búlgaros y de la Iglesia ortodoxa búlgara el régimen monárquico nunca se atrevió a deportar a los judíos a los campos de exterminio.

Tras la liberación del país por los soviéticos, en 1944, los judíos búlgaros respiraron tranquilos, pero comenzaron a emigrar lentamente hacia Israel, sobre todo, y otros países. Se calcula que casi la mitad de los cincuenta mil judíos que había en el país emigraron hacia el naciente Estado hebreo. La comunidad, en la época comunista, mantuvo un perfil muy bajo, como el resto de las confesiones religiosas, y la mayoría de los judíos búlgaros no ocultaban su deseo de huir del país, tendencia que se acrecentó con la llegada de los cambios democráticos, allá por el año 1989. La crisis económica, junto con la falta de expectativas, aceleró esta tendencia migratoria.

En la actualidad, hay que reseñar que la pequeña comunidad judía, de algo menos de 4000 miembros, la mayoría sefardíes, ha ido perdiendo peso social, económico y cultural, sobre todo porque ya no es significativa en términos demográficos, y está muy envejecida. También se han producido algunos actos antisemitas, aunque menos que en otras partes de Europa, y continúa abierto el viejo cementerio sefardí, un centro cultural y la sinagoga de Sofía. En definitiva, la vieja y rica vida de los sefardíes búlgaros agoniza irremediablemente.

Fuente: Centro Virtaul Cervantes.

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